‘Me río de lo ignorante que es el pueblo colombiano’: Natalia París

Escrito por Boletin de Noticias. Publicado en Entretenimiento, Farándula

Fecha de publicación: junio 16, 2013 con 0 Comentarios

Son las once de la mañana. La temperatura bordea los 33 centígrados. La tranquilidad de la Escuela de Barrancón, en el Guaviare, se interrumpe por el sonido de las hélices de un helicóptero de las Fuerzas Militares. Decenas de soldados corren a recibir la aeronave. Entre sus tripulantes están el general Freddy Padilla de León, el ministro de Defensa Juan Manuel Santos y la modelo Natalia París. (Vea en galería de fotos a los protagonistas de frases polémicas en Colombia).

Ella, coqueta y convencida, lleva una camiseta gris de instructor de las Fuerzas Especiales. Se ha puesto en la labor de repartir regalos de Navidad a los soldados. Sonríe y derrite. Les entrega equipos de sonido, televisores y ventiladores. Saluda a los jóvenes combatientes de beso, les habla con su característica voz de niña provocadora y se toma fotos con ellos. Durante todo el fin de semana, en la misma dinámica, visita otras instalaciones militares, como la base de entrenamiento de Tolemaida.

Corre el año 2008. El gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe le ha suplicado a la modelo paisa que le suba la moral a la tropa. “Estamos en guerra”, le decían. “Me llevaban en un helicóptero por diferentes selvas de Colombia”. Los soldados, con los calendarios y afiches de la rubia paisa en sus manos, la recibían con gritos nerviosos y risas calientes.

Así, Natalia París –jugando el juego de la Marilyn Monroe colombiana–, representaba con total éxito uno de los mejores roles de su vida: la diva despampanante, ligera, rubia y tropical.

Pero ¿cómo se había forjado semejante ícono de 1,55 metros?

A mediados de los años noventa, Natalia París se había convertido en la niña que abría las pasarelas de Medellín. Primero participó en desfiles de moda infantil y cuando creció se convirtió en modelo de ropa interior.

Su primer comercial televisivo lo hizo para la crema dental Kolynos. “Me pagaron setenta mil pesos y me los gasté todo en ropa”. Luego, en 1999, ocurrió lo que ella llama “el boom”. La París se convirtió en la imagen oficial de la cerveza Cristal Oro. La escena era más o menos así: un montón de tipos están en una fiesta en la playa y el ajetreo es interrumpido por la aparición de ella, una voluptuosa rubia de piel canela que ostentaba un bikini dorado. Los machos, después de mirarla estupefactos, la invitan a bailar. Y ya está. Suficiente para sacudir a un país. El diario El Tiempo tituló: “Arde París”. Pasó a ser considerada el primer símbolo sexual en la tierra de los símbolos sexuales.

A partir de ese momento, todas las niñas del país–empezando por Medellín– querían ser Natalia París: rubias, de nariz chiquita y delgada, labios grandes y jugosos, abdomen plano, senos operados y nalgas empinadas. Los jóvenes, víctimas de su belleza, portaban con veneración su imagen en las portadas de sus cuadernos. “En ese momento arranqué mi carrera en serio. Comencé a viajar a otras ciudades y países”.

Muchos le atribuyen ser la precursora de un estereotipo de belleza nacional que –hasta el día de hoy– se consolida en miles de mujeres colombianas y que no pocas veces ha sido relacionado con el mundo del narcotráfico. Un estereotipo de belleza voluptuoso, ardiente y casi siempre reforzado por las cirugías estéticas.

Natalia viene de una familia de clase media alta de Medellín. Nació hace 39 años y cuando apenas tenía ocho meses, su papá –que era piloto aeronáutico–, se estrelló en una avioneta contra los cerros de Medellín. Entonces quedó huérfana de padre. Tal vez por eso se convirtió en una niña valiente.

De hecho, varias de sus facetas en la actualidad –empresaria y Dj de música electrónica– las atribuye a esta época de su niñez. “No solo estuve en clases de solfeo y de piano, sino que en el colegio vendí sándwiches, brownies y minisigui. Siempre me ha gustado tener independencia económica”.

Cuando tenía 22 años, la París cometió quizás uno de los errores que, como ella dice, muchos no le perdonan. Se enamoró del narcotraficante Julio César Correa, alias Julio Fierro, años después desaparecido y presuntamente asesinado por miembros del Cartel del norte del Valle. “De este episodio de mi vida no me arrepiento, porque fruto de esta relación nació mi hija Mariana”. Para esta época, la modelo tuvo que enfrentarse muchas veces a la prensa y las autoridades de Colombia y Estados Unidos. Su visa fue cancelada y varios de sus jugosos contratos se esfumaron. Y aunque en un momento llegó a pensar que su carrera estaba acabada, volvió a Colombia y comenzó a explotar el bronceador que había sacado con su nombre. Nació la empresa Cosmética Natalia París. “He sido una mujer guerrera, verraca y luchadora”.

Durante los siguientes años se encargó de limpiar su nombre, se dedicó de lleno a su carrera como empresaria y a explorar otras facetas como la actuación. En 2008 participó en la película In Fraganti de Juan Camilo Pinzón, producida por Dago García, en la que incluso se burló un poco del estereotipo de mujer que ella ayudó a crear. Luego hizo parte de la película En coma, de Juan David Restrepo y Henry Rivero, y hasta fue presentadora de un reality show.

Hoy, tras más de veinte años como modelo, Natalia París sigue vigente. Dice que ya no le pone cuidado a lo que publica la prensa sobre su vida. Tampoco a los múltiples chistes e imitaciones que continúan explotando una infundada personalidad de niña tonta y superficial.

Natalia aparece con una camisa a cuadros rojos y azules, un bluejean desteñido con rotos en las rodillas, y unos clásicos tenis Converse blancos. Por unos segundos posa frente a la cámara. Mueve su pelo rubio de un lado para otro y busca el mejor ángulo para que no se note el paso del tiempo. Su cara ya no es la de la niña angelical y, por el contrario, ahora saltan a la luz la infinidad de tratamientos estéticos que sólo ella conoce. Eso sí, su abdomen bronceado continúa liso y fuerte como una tabla.

Durante la sesión fotográfica se toma su tiempo para hablar de su cuerpo, hoy marcado con nueve tatuajes: “tienen mi rebeldía y mi deseo de libertad”. Cuenta que el año pasado cambió sus prótesis mamarias –financiadas por su mamá cuando ella tenía18 años– por unas de una talla mucho más pequeña. “Ya no me interesa ser un símbolo sexual”. Dice que ahora está enfocada en que la gente la reconozca como Dj de música electrónica –su sueño de toda la vida–.

Desde su cuenta de Twitter, con más de 400.000 seguidores, envía mensajes sobre los supuestos peligros que dice haber conocido sobre la comida transgénica. “Los pollos crecidos con hormonas sí afectan la genética humana. Está demostrado y la gente no quiere aceptarlo”. También tuitea y cuenta sobre la existencia de vida en otros planetas y asegura haber tenido un encuentro de otro mundo.

Lea la entrevista en ElTiempo.com

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