Iván Moreno: caída de un hombre que soñaba con ser presidente

Escrito por Boletin de Noticias. Publicado en Destacado, Judicial

Fecha de publicación: octubre 29, 2014 con 0 Comentarios

Alfonso Gómez Gómez, dos veces alcalde de Bucaramanga y dos veces gobernador de Santander, le dijo en una ocasión a Julio Acelas, director del Observatorio Ciudadano de Bucaramanga, que la política colombiana había iniciado su descomposición cuando el general Gustavo Rojas Pinilla aceptó chivos, tierras y dinero de sus seguidores liberales mientras fue presidente de la República.

Como una herencia perversa, a Iván Moreno Rojas, nieto del militar y condenado en la noche de este lunes a 14 años de prisión por sus vínculos con el llamado “Cartel de la contratación en Bogotá”, lo han asediado rumores de corrupción que ahora se materializan en una pena.

Pero el político también lleva el alma de caudillo en su sangre. La marcha por una segunda presidencia para la estirpe de los Rojas inició a finales de los ochenta. Moreno, médico nacido en Miami y criado entre Bucaramanga y Bogotá, fue electo concejal de la capital de Santander por la Alianza Nacional Popular, Anapo, partido fundado por su abuelo en 1961 y comandado por su madre, María Eugenia Rojas, llamada popularmente “la capitana”.

Su ascenso en la política fue veloz. Entre 1992 y 1994 se posesionó como representante a la Cámara por su departamento y, tras especializarse en Salud Pública y Administración de Salud, en el gobierno Ernesto Samper lo designaron viceministro de Salud Pública y ministro de Trabajo y Seguridad Social.

De esa época, su compañera de la Anapo y hoy representante a la Cámara por el Polo Democrático, Alba Luz Pinilla, recuerda a un Iván Moreno “carismático, afectuoso, con proyección y miras a alcanzar la presidencia”. De hecho, dice, fue su conexión con la gente la que le dio la victoria como alcalde de Bucaramanga en 2000, aunque su máximo contrincante fuera Rafael Ardila Duarte, empresario santandereano de renombre que tenía de su lado a la clase alta del departamento.

Para Julio Acelas, los votantes le dieron el aval, porque recordaron a un Moreno filántropo que repartía mercados, aguinaldos y anchetas con su madre por los sectores populares de la ciudad. De hecho, dice el experto, en ese entonces fue calificado como el mejor alcalde del país y por primera vez en Bucaramanga posicionó temas extraños para gobernantes anteriores: lo social, la inclusión de los excluidos, el desempleo y la recuperación del espacio público para el peatón.

Sin embargo, ahora, esa idea romántica de un alcalde al servicio del pueblo la creen muy pocos.

Durante la administración del que hoy es reo se suscribió un contrato a la unión temporal Ciudad Movil para controlar el estacionamiento de vehículos en la ciudad, acción que la Procuraduría, por delegar a un particular el ejercicio de una función administrativa, determinó que desconocía el principio de transparencia y atentaba contra el patrimonio público.

Asimismo, el periódico Vanguardia Liberal de Bucaramanga reveló en su momento que durante los tres años de administración de Iván Moreno, la Alcaldía pagó $619 millones por almuerzos, cenas, whisky, vino, hospedajes, cocteles, refrigerios, préstamo de sillas y hasta cepillos de dientes.

A los bumangueses también les despierta sospecha el incendio ocurrido en la madrugada del primero de junio del 2002, por el cual se destruyeron los archivos del Plan de Ordenamiento Territorial, el Sisbén, la Secretaría de Planeación, la de Salud, la Oficina Jurídica, la Administrativa y la de Infraestructura. El mismo recelo genera otra conflagración ocurrida en 2004 en las instalaciones de la Contraloría, donde se quemaron 14 informes de auditoría de la gestión de Moreno como alcalde de Bucaramanga.

Acelas cree que el exmandatario encubrió sus acciones detrás de una figura mediática. Según dice, Moreno se movía como pez en el agua en entrevistas con medios nacionales, mientras se expresaba al estilo Robin Hood con “un discurso por los más pobres, contra las elites y los ricos, y aparentemente denunciando la corrupción y la politiquería”, aunque lo que en realidad cree el experto es que Moreno pensaba el poder y la política desde Bogotá o Miami, no desde Bucaramanga.

Con los años, las actuaciones irregulares de Moreno se hicieron más evidentes. Entre 2006 y 2010 fue senador de la República por el Polo Democrático, y posteriormente en las elecciones legislativas de 2010, fue reelecto con 86.133 votos, aunque ya lo vinculaban con el ‘cartel de la contratación de Bogotá’ y se rumoraba que su elección se debía en gran parte a la intervención de Emilio Tapia, empresario de Córdoba, también con participación en el “cartel”.

Carlos Vicente de Roux, quien en junio de 2011 se retiró del Polo Democrático para lanzarse al Concejo de Bogotá por la lista del Movimiento Progresistas, recuerda que “la presencia de Iván Moreno en el Polo siempre fue nefasta”. Por sus antecedentes como alcalde de Bucaramanga, un sector del partido se oponía a la vinculación del político con el movimiento, pero la mayoría, en consonancia con Samuel Moreno, hermano de Iván y en cuya alcaldía en Bogotá tuvo lugar el ‘carrusel de la contratación’, lo aceptaban.

Sin embargo, los rumores dieron pie para que la Procuraduría investigara al entonces senador y en enero del 2012 lo destituyera del cargo e inhabilitara políticamente durante 20 años.

Una serie de pruebas demostraban que Iván Moreno se había reunido con los hermanos Manuel y Miguel Nule y con su primo Guido, empresarios de la costa Atlántica responsables del 70 por ciento de la obra para construir la Troncal de TransMilenio en la calle 26, y les había pedido el seis por ciento de comisiones en sus contratos viales, así como la adjudicación de un negocio de bombas de gasolina en la concesión Bogotá-Girardot para su esposa Lucy de Moreno. Todo esto a cambio de que su hermano Samuel, entonces alcalde de Bogotá, obviara las irregularidades en los contratos de los Nule.

Esta semana, más de dos años después del pronunciamiento de la Procuraduría, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia lo condenó a 14 años de prisión, por los delitos de concusión, tráfico de influencias e interés indebido en la celebración de contratos.

Para Aurelio Suárez, excandidato a la Alcaldía de Bogotá por el Polo Democrático, la sentencia deja algo claro: “A la ciudad hay que rescatarle la decencia y el ejercicio honesto de la política que le quitaron los Moreno”.

Para Iván Cepeda, senador del Polo, el hecho de que por su partido haya pasado Moreno lo hace declarar: “me llena de vergüenza”. El legislador reconoce que su movimiento debió tomar medidas drásticas para impedir que un hombre como el exsenador y exalcalde de Bucaramanga alcanzara el poder que lo caracterizó.

“Es el declive de una carrera política muy exitosa, de un hombre que realmente vivía cada día con la idea de ser el segundo presidente de su familia, pero a quien la ambición de poder lo llevó a la corrupción”, reflexiona Julio Acelas.

Sin embargo, hay quienes defienden el honor de Iván Moreno. La representante Alba Luz Pinilla, quien fue secretaria de Derechos Humanos en la Alcaldía de Bucaramanga durante la administración de Moreno, asegura conocer más al hombre que al político, y por eso, sentía dolor cuando lo responsabilizaban de corrupción en Santander, dolor que se extiende después de la sentencia.

“Conozco al padre, al hijo y al esposo y lamento lo que está pasando, pero me afecta sobre todo ver que él nunca expresó abandono a sus amigos, y hay quienes lo saludaban de beso y reverencia y hoy lo acusan. Cuando estás en el poder hay muchísima gente que te tiende la alfombra, pero la mayoría se quedan con la punta para tirarla”, concluye Pinilla.

EL TIEMPO

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