Según la UNESCO, cerca de uno de cada tres estudiantes en el mundo ha sido víctima de bullying; además, los estudiantes con discapacidad están expuestos de manera desproporcionada al acoso en diferentes edades y entornos de aprendizaje.
● En Colombia, el Ministerio de Educación reportó 11.161 casos relacionados con acoso escolar, ciberacoso y agresión escolar entre 2020 y marzo de 2025, de acuerdo con el Sistema de Información Unificado de Convivencia Escolar, SIUCE.
● El CRAC (Centro de Rehabilitación para Adultos Ciegos) comparte cinco señales de alerta que pueden ayudar a padres y cuidadores a identificar posibles casos de acoso escolar y actuar de manera oportuna.
Bogotá, mayo de 2026. En el marco del Día Internacional Contra el Acoso Escolar, la conversación sobre bullying sigue siendo urgente en los entornos educativos. Cuando involucra a niños, niñas y adolescentes con discapacidad visual, sus consecuencias pueden ser más profundas, porque se suman a barreras de movilidad, autonomía, participación social y reconocimiento dentro del aula
Aunque la inclusión educativa suele centrarse en infraestructura, materiales adaptados y tecnología, el CRAC advierte un desafío igual de urgente: garantizar entornos seguros donde los estudiantes puedan aprender, relacionarse y participar sin miedo.
De acuerdo con la UNESCO, cerca de uno de cada tres estudiantes en el mundo ha sido víctima de bullying. El organismo también ha advertido que los niños, niñas y jóvenes con discapacidad tienen igual o mayor probabilidad de ser víctimas de violencia y acoso escolar frente a sus compañeros sin discapacidad.
En Colombia, según el Ministerio de Educación Nacional, el país registró 11.161 casos relacionados con acoso escolar, ciberacoso y agresión escolar entre 2020 y marzo de 2025, reportados en el SIUCE. Esta cifra evidencia la necesidad de fortalecer la prevención, la detección temprana y las rutas de atención dentro de las instituciones educativas.
En estudiantes con discapacidad visual, estas situaciones pueden manifestarse a través de burlas por el uso de bastón, gafas, lectores de pantalla, atriles o herramientas de apoyo; exclusión de actividades escolares, comentarios ofensivos sobre su condición, manipulación de objetos personales o alteraciones del entorno físico que afectan su orientación e independencia.
“En muchos casos el bullying no comienza con agresiones físicas. Empieza con bromas constantes, aislamiento social o acciones aparentemente pequeñas que terminan afectando la autoestima, la seguridad y la autonomía del menor. Por eso, la detección temprana por parte de padres, docentes y cuidadores es clave”, señaló Mauricio León, terapeuta ocupacional adscrito a la unidad de inclusión.
Por esta razón, desde el CRAC se comparten cinco recomendaciones que pueden ayudar a padres, cuidadores y docentes a identificar posibles situaciones de acoso escolar en niños, niñas y adolescentes con discapacidad visual.
1. Hablar sobre discapacidad desde edades tempranas
Gran parte del bullying nace del desconocimiento y los prejuicios. Por eso, expertos del CRAC recomiendan que colegios y familias hablen desde edades tempranas sobre diversidad, empatía y discapacidad visual para normalizar las diferencias y evitar que se conviertan en motivo de exclusión o burla.
2. Capacitar a docentes para identificar señales tempranas
Los profesores suelen ser los primeros en detectar cambios de comportamiento, aislamiento o conflictos entre estudiantes. Sin embargo, muchas veces no cuentan con herramientas para identificar microagresiones, intervenir adecuadamente o activar rutas de atención. La formación docente resulta clave para prevenir casos más graves.
3. Garantizar participación plena en todas las actividades escolares
La exclusión también ocurre cuando un estudiante con discapacidad visual es dejado por fuera de actividades deportivas, culturales o académicas. El CRAC insiste en que la inclusión real implica asegurar que todos los estudiantes participen activamente en la vida escolar.
4. Crear rutas claras y confidenciales de denuncia
Muchos niños no denuncian situaciones de bullying por miedo, vergüenza o temor a represalias. Las instituciones educativas deben contar con protocolos claros, accesibles y acompañamiento psicológico oportuno para atender estos casos.
5. Fortalecer la educación digital para prevenir el ciberbullying
El acoso ya no ocurre únicamente en los colegios. Redes sociales, grupos de mensajería y plataformas digitales se han convertido en nuevos escenarios de violencia escolar. Educar sobre el uso responsable de estos espacios y monitorear señales de ciberacoso es cada vez más urgente.
“El bullying puede romper procesos de autonomía que han tomado años en construirse. Un niño que deja de sentirse seguro en el colegio puede empezar a limitar sus sueños, sus relaciones y su independencia. La responsabilidad de prevenirlo no puede recaer únicamente en las víctimas; requiere familias atentas, docentes formados e instituciones capaces de actuar de manera oportuna”, agregó León.
El rol del CRAC en la inclusión educativa
Como parte de su apuesta por la inclusión, el CRAC acompaña procesos educativos a través de la Habilitación Básica Funcional (HBF), dirigida a niños y adolescentes con discapacidad visual, en articulación con familias e instituciones.
Profesionales del área de inclusión realizan acompañamiento en colegios, orientan a docentes y directivos y desarrollan espacios de sensibilización con estudiantes para facilitar el acceso, la permanencia y la participación en el entorno escolar.
Este enfoque reconoce que la rehabilitación no termina en el desarrollo de habilidades individuales, sino que es el punto de partida para la participación activa en la vida social.
“La inclusión no puede quedarse en discursos institucionales. Un entorno verdaderamente inclusivo es aquel donde un niño puede aprender, participar y relacionarse sin miedo a ser rechazado por su condición”, concluyó el vocero.
Prevenir el bullying no es una acción aislada; es una decisión colectiva que define la sociedad que construimos.
Hablar de inclusión implica garantizar que todos los niños no solo accedan al aula, sino que puedan habitarla con dignidad, seguridad y confianza. Porque cuando un niño participa sin miedo, no solo avanza en su proceso educativo: ejerce su derecho a ser parte activa de la sociedad.




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