JUAN FERNANDO CRISTO B. | 20 DE FEBRERO DE 2014
Nuevamente se agrava la crisis en Venezuela y lamentablemente los primeros afectados somos los habitantes de frontera. Ya en los últimos meses algunas de las medidas económicas adoptadas por el gobierno del presidente Maduro comenzaron a afectar la economía nortesantandereana e igualmente en los últimos días recibimos la noticia de la imposibilidad de renovar el acuerdo bilateral de suministro de combustible a un precio especial.
Y ahora se añade a la difícil situación económica de los hermanos venezolanos la radicalización del conflicto interno entre gobierno y oposición. Hacia el futuro inmediato genera una gran incertidumbre sobre lo que espera Venezuela en materia política.
Frente a los últimos episodios y las movilizaciones ciudadanas y estudiantiles que han tenido un gran impacto, lo primero que hay que decir es que Colombia debe adoptar una actitud de prudencia y respeto a los asuntos internos venezolanos.
Independientemente de las diferencias políticas e ideológicas que puedan existir entre ambos gobiernos, no es conveniente caer en la tentación de cometer las mismas equivocaciones del gobierno anterior que se convirtió en un aliado incondicional de la oposición y por ende en un actor político interno más dentro de la convulsionada política del país vecino. Y hay que decir que el gobierno Santos, tras restablecer en buena hora las relaciones bilaterales ha mantenido una postura de respeto y hasta el momento ha permitido preservar, a pesar de las diferencias, una buena relación.
Por ello, resulta sorpresiva y exagerada la reacción del presidente Maduro a la única declaración que durante esta última semana dio el presidente Santos con respecto a la crisis en las calles venezolanas.
El mandatario colombiano solo hizo un muy ponderado llamamiento a la tranquilidad y a la búsqueda de un diálogo entre gobierno y oposición que permita un mínimo acuerdo que alivie la alta tensión que afecta a la población del vecino país. Así lo han hecho igualmente la casi totalidad de los gobernantes del continente. Se trata ni más ni de menos de una expresión legítima de la preocupación de todos por la difícil coyuntura venezolana y el interés de contribuir en la preservación de la estabilidad institucional del vecino país, por lo que no se puede calificar bajo ninguna circunstancia de irrespetuosa intervención una declaración amistosa y ponderada.
Ojala entonces este ruido generado en las relaciones bilaterales sea un simple episodio anecdótico y continúe el trabajo conjunto de los dos países en materia de seguridad, integración física de las fronteras y fortalecimiento del comercio, que es además lo que nos interesa a los habitantes de la frontera que somos los principales afectados por estas recurrentes crisis.
Y que se garantice además un buen trato a los compatriotas que residen en Venezuela que es lo que conviene a ambos pueblos.
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